La osteoporosis es la disminución de la masa ósea. Aunque es una enfermedad característica de los ancianos y, especialmente, de las mujeres en la menopausia, también se produce durante el curso de las enfermedades debilitantes y, con mucha frecuencia, durante el reposo prolongado en cama. Las personas que llevan una vida sedentaria suelen notarla a partir de los 35 años de edad.
La osteoporosis es una enfermedad caracterizada por la disminución de la masa ósea, en la cual el hueso se vuelve más poroso y, por lo tanto, más frágil, existiendo una gran facilidad para desarrollar fracturas.
Y es que la densidad de la masa ósea varía a lo largo de la vida de una persona, aumentando durante el periodo de crecimiento, alcanzando su valor máximo hacia los 30 años, e iniciándose desde entonces la pérdida de masa ósea hasta la edad de 90 años aproximadamente.
En la osteoporosis también hay una reducción de la resistencia del esqueleto y, aunque la reabsorción del calcio parece normal, la formación del hueso no se realiza. Por ese motivo, la administración preventiva o suplementaria de calcio inorgánico no da resultados positivos.
La sintomatología incluye dolores de espalda, lordosis cervical, así como dolores lumbar y muscular. Son frecuentes las roturas de cadera en los ancianos y los aplastamientos vertebrales.
Causas de la Osteoporosis
La causa más frecuente de osteoporosis es la inactividad física o la monotonía en los movimientos corporales. El sedentarismo, el consumo de alimentos preferentemente cárnicos y la administración de corticoides o el exceso de fósforo también produce osteoporosis.
Poco después de haberse alcanzado el valor máximo de masa ósea del esqueleto, hacia los 35 años, comienza una pérdida natural durante el resto de la vida. En muchos casos esta pérdida es muy lenta y gradual, no apareciendo los síntomas hasta que la enfermedad está avanzada.
No obstante, se ha comprobado que las personas que realizan una actividad deportiva racional durante toda su vida no padecen de artrosis, ni con la misma frecuencia, ni con la misma intensidad, lo que nos lleva a pensar en que los huesos poseen cierta apetencia de calcio que sólo puede activarse mediante el ejercicio regular. Sería como una memoria interna que se pierde por falta de uso.
Esta enfermedad es la principal causa de fracturas óseas en mujeres después de la menopausia, aunque no todas ellas desarrollarán la osteoporosis. En el caso de los varones, la osteoporosis se puede desarrollar en aquellos individuos de más de 65 años que, habiendo tenido un bajo pico de masa ósea en su juventud, hayan abusado de ciertas sustancias dañinas para la salud.
No se conoce la relación entre estas sustancias y la enfermedad, aunque posiblemente se deba a que coinciden también otras formas de vida inadecuadas, como el realizar poco ejercicio y consumo de carne en detrimento de las verduras.
Además, existen otras causas que pueden producir la enfermedad, como, por ejemplo, las enfermedades endocrinas, las inflamatorias o las producidas por medicamentos, todas ellas menos frecuentes.
Factores de riesgo de la osteoporosis
Se pueden determinar una serie de factores de riesgo, que servirán para identificar a los individuos con mayor probabilidad de llegar a padecer la enfermedad. Entre las que podemos decir están las que tienen historia familiar de presentar osteoporosis.
En la mujer en la etapa de la menopausia es otro factor de riesgo de presentar osteoporosis. Sin embargo la osteoporosis puede ser una enfermedad silenciosa.
- En las mujeres es casi cuatro veces más frecuente que en los hombres, aunque ya se ha indicado que esta frecuencia disminuye si la mujer realiza deportes.
- La constitución física frágil, por delgadez, poca masa muscular, escoliosis, etc. Quizá no se deba tanto a la constitución como a la deficiente nutrición, pues nuevamente los deportistas delgados que practican taichi o yoga a edades avanzadas no acusan tanto la enfermedad.
- Antecedentes de fases de amenorrea (no fisiológica) de más de un año de duración. La teoría hormonal por carencias de estrógenos parece cobrar fuerza, la que la enfermedad se declara también en la menopausia precoz, ya sea de forma natural o por la extirpación quirúrgica de los ovarios.
- Dieta pobre en calcio durante períodos prolongados, especialmente durante la adolescencia, que es cuando se necesita más calcio para incrementar la masa ósea y tener buenas reservas en el futuro. Esta dieta carencial suele ir unida a déficit de vitamina D, con lo que aumenta el riesgo de fractura, y un aumento en la ingesta de proteínas procedentes de la carne.
- Otras enfermedades son el hipertiroidismo, el síndrome de Cushing que se origina por déficit hormonal de las glándulas suprarrenales, hiperparatiroidismo, diabetes, hepatopatías crónicas, artritis reumatoide, o cualquier proceso que bloquee la absorción intestinal del calcio de al dieta.
Síntomas de la osteoporosis
No siempre la enfermedad se manifiesta con intensidad, e incluso puede llegar a pasar desapercibida hasta que una radiografía fortuita la descubre. Lo más habitual, sin embargo, es que los dolores óseos comiencen poco a poco, y cuando el proceso está más avanzado se produzcan con cierta frecuencia roturas óseas espontáneas. Respecto a las radiografías, hay que aclarar que solamente se puede detectar la enfermedad cuando la pérdida de tejido óseo supera el 30%.
Son habituales los dolores producidos por fractura de los huesos o por aplastamientos vertebrales, aunque también por contractura muscular mantenida en los huesos de la zona afectada.
Estas anomalías, que al principio el paciente lleva con cierta dignidad, acusando al frío, la edad o la profesión, generan una acumulación de minúsculas fracturas vertebrales que provocan cambios en la disposición normal de la columna vertebral, dando como resultado una pérdida de estatura y la deformidad de la espalda (cifosis).
A su vez, y con el fin de evitar el dolor, la persona afectada adopta posiciones extremas, atrofiando unas zonas musculares y poniendo rígidas otras, lo que agudiza lentamente la enfermedad. Con el paso de los años la limitación en el movimiento es muy generalizada, dificultándose la marcha y acrecentando aún más la pérdida del calcio.
Alimentos para la osteoporosis
Para lograr un buen aporte de calcio se recomiendan consumir los siguientes alimentos (mg/100 g): Queso manchego:1290, Yogur:150, Almendras:210, Higos secos:320, Judías:52, Pan integral:32, Avena:65, Zanahorias:55, Sardinas en aceite:624, Semillas de sésamo:120, Algas marinas:1200, Zumo de naranja:11, Azúcar moreno:51, Chocolate con leche:228, Miel:20, Huevo de gallina:54, Bacalao salado:50, Almendra y avellana:240, Castaña seca:98, Dátiles:68, Cerezas:267, Perejil:240, Calamares:263, Brócoli:138.
Nutrientes para la osteoporosis
El tratamiento alimentario consiste en tomar suplementos adecuados de proteínas, mucho pescado, aceite de hígado de bacalao y champiñones. También son recomendables el yogur y los quesos frescos, así como polen.
El ácido fólico, unido a la vitamina B, es otro tratamiento de fondo imprescindible. Teniendo en cuenta que el componente inorgánico mayoritario es el calcio en forma de sales carbonato y fosfato cálcico, secundado por una menor proporción de magnesio, sodio, potasio, flúor, sulfatos y citratos, recomendamos una mezcla diaria de sílice, calcio, magnesio y flúor asimilados en levadura.
Son de gran utilidad las aplicaciones externas de consuelda y la toma diaria de comprimidos de dolomita, un mineral de origen marino equilibrado en magnesio, calcio y sílice. También, fitoflavonas procedentes de la soja por su contenido en estrógenos que ayudarán a la mujer en la menopausia.
Se recomienda la caléndula, Ginseng, salvia, ortiga, diente de león, cola de caballo y la onagra, por su papel beneficioso en la síntesis de las prostaglandinas, las cuales estimulan también la reabsorción ósea, regulando el desarrollo, maduración y actividad de osteoclastos y osteoblastos.
Medidas físicas para la osteoporosis
La mejor terapia es el ejercicio físico adecuado a cada persona. Y es que la actividad física moderada, lenta y con ejercicios frecuentes de estiramiento, ejerce una influencia fundamental en la homeostasis ósea. El estímulo mecánico del hueso se traduce en la orientación de sus fibras colágenas y en la actividad de los osteoblastos, lo que, por lo tanto, condiciona el fortalecimiento del hueso.
También parece seguro que el hueso pierde la capacidad de seguir formándose en ausencia de ejercicio físico variado y continuado, por lo que no hay posibilidad de evitar esta enfermedad ni de curarla sin un plan de musculación y estiramientos adecuados.
El baño caliente con cepillado y los masajes, son también tratamientos necesarios, al que deberíamos sumar la acupuntura y la reflexoterapia podal.
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